
En ocasiones, el valor de un concepto se afecta, se vacía, se pierde. Cierto es que, en concreto, somos las personas quienes comenzamos a experimentar conflictos con su significado y alcance. Honestidad, libertad, amistad, fidelidad, confianza, fraternidad, responsabilidad, pueden afectarse al punto que representen una palabra más entre tantas del diccionario. Quizás, en otro tiempo con simplemente escuchar alguna o asociarla a una experiencia, nos emocionaba y empujaba a actuar bajo su bandera.
La semana pasada me detuve a pensar sobre el trabajo en equipo. Aunque reconozco los beneficios listados en cualquier manual básico de Administración o de Recursos Humanos, la cotidianidad me estaba conduciendo a asumir una mirada escéptica sobre su valor real. Quizás, haya influido la sobre-utilización en la literatura administrativa que lleva a banalizarlo, o al escucharlo tantas veces por quienes están más preparados a pregonarlo que a practicarlo, o por malas experiencias, o hasta por el sistema individual de recompensas que prevalece en la mayoría de las organizaciones desalentando lo colaborativo en el mundo productivo.
Todo surgió en el río Cubatão (Santo Amaro da Imperatriz, SC, Brasil), donde practiqué rafting junto a Lourdes, María Fernanda, Marco Antonio, Fabio y Fabricio. La premisa del entrenador fue contundente: coordinar y colaborar entre todos para procurar la seguridad y mantenernos a flote en un curso peligroso. Esto requirió entrenamiento y conocernos. Así, nos aceptamos mutuamente como compañeros de viaje. En ese momento, supimos que estábamos preparados para la aventura.
Comenzamos gracias al equipo, desarrollamos una actividad con seguridad y diversión gracias al equipo, y finalizamos con éxito por el equipo. ¿Hasta dónde nos podría llevar colaborar junto a otros? Seguramente, más lejos de lo que por nuestras propias fuerzas podríamos alcanzar. ¡Adelante!
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08|02|2010 en 
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