Ayer, luego del coloquio “La comunicación bajo la lupa” realizado en la Universidad Católica del Uruguay, nos quedamos un ratito hablando con algunos amigos y colegas sobre la crisis financiera mundial. ¿Tema original no? En las conversaciones se percibía el ánimo de encontrar causas y consecuencias, proyectar lo que sucederá en los próximos meses y, a su vez, mientras algún entusiasta minimizaba los efectos, otro más pesimista, sobredimensionaba los posibles perjuicios.
Todo esto me hizo reflexionar más allá de la crisis puntual, sin ignorar su gravedad, pasando a centrar la cuestión en el sentido y alcance de la simpática palabrita “crisis”.
Te propongo un ejercicio conjunto. Caminemos (por salud) hasta el archivo histórico de algún periódico de nuestra ciudad, y partiendo desde los primeros ejemplares, sencillamente revisemos los titulares en varias páginas, de varias ediciones al azar.
Con seguridad, encontremos Mr. crisis en forma recurrente. Quizás lo más interesante sea observar detenidamente las opiniones y “atmósfera” en que las personas de esa época o momento interpretaban las situaciones adversas o de crisis.
Ciertamente, una crisis económica, social, financiera o de lo que sea, no sólo refleja una mutación o cambio brusco de orden material sino que también se acompaña, refleja o se carga de una mutación espiritual. Está última es producto de nuestra condición de criaturas frente a la muerte y especialmente de criaturas en busca de reconocer un origen o creador.





23|10|2008 en 
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