A veces me detengo a suspirar demasiado en lo ocurrido y también en lo que podría ocurrir. Como el pasado y el futuro son dos espacios virtuales completamente manipulables, nuestra psicología hace trampa y seduce para detenernos allí todo el tiempo posible. Al hacerlo, busca ofrecernos seguridad pero, en definitiva, una falsa seguridad.
Los recuerdos, la esperanza y los sueños, existen y son necesarios para mantener la cordura y la salud. El problema es vivir centrado en una virtualidad que, tarde o temprano, llega a paralizar.
Superar la parálisis. Para avanzar no he encontrado mejor solución que ocuparme del presente. ¿Significa esto acaso despreciar lo que vendrá el próximo mes? ¿Es renegar la historia personal o la capacidad de soñar? ¿Equivale a una des-pre-ocupación por lo que se cenará en unas horas? Todo lo contrario. Ocuparse del mañana es tarea del HOY. Pero, si el eje está puesto fuera del presente, imposible realizarlo.
Ocuparse implica acción, decisión y responsabilidad personal. Aquí no existen excusas. Cada persona posee el mando del hacer con cierta independencia del contexto. Varios casos a lo largo de la historia y bajo situaciones infrahumanas son fuentes de inspiración. Te recomiendo leer la historia de vida de Tim Guénard.
Tomando como ejemplo el perfil emprendedor, he escrito sobre el escaso valor determinante de entornos que favorecen o desfavorecen, capital social que obstaculiza o estimula, educación formal que contribuye o es estéril. La “magia” está en la persona y no en sus genes, estudios, grupos de referencia, experiencias laborales. Es la persona la caja negra donde todo se procesa, por ello, es la única responsable de transformar y transformarse. Todo, en el único lugar donde puede ocurrir: ahora mismo.
Hoy, te invito a abandonar suspiros y espejismos paralizantes. Anclémonos en lo que estamos haciendo, decidiendo y cambiando hoy. ¡Adelante!