Hoy deseo compartirte una enseñanza del Rabí Baal Shem Tov sobre la predisposición de descubrir el milagro en lo simple. Trasladándolo al espíritu emprendedor, es una invitación a no perder la mirada apasionada, sencilla, inquieta que hizo detectar una oportunidad de negocio en los inicios de la aventura emprendedora. Ese contexto inicial del primer proyecto o negocio posee una energía positiva muy especial que, a veces, se va diluyendo o desapareciendo con el tiempo.
Este texto que te comparto, lo conocí al participar en la Cátedra Permanente de Judaísmo (Universidad Católica del Uruguay), en ocasión del estudio sobre el pensamiento judío en la Edad Media y la Haskalá (iluminismo judío).
“Transitando un camino, una persona observa caer una hoja de la rama de un árbol. Cuando ya descansa sobre el suelo, se dirige a la hoja: “Hoja, dime, ¿por qué caíste del árbol en este momento?” La hoja responde: “No lo sé. La rama se sacudió y yo caí. Ve y pregunta a la rama por qué…”.
Tras la pregunta, la rama responde: “Un viento vino y me sacudió, y entonces la hoja cayó, pero no sé por qué… pregúntaselo al viento”.
Preguntando al viento, la persona recibe una respuesta similar: “No sé por qué, pero la Fuente del Viento me envió a sacudir la rama; ve y pregunta a la Fuente del Viento”.
Cuando preguntó a la Fuente del Viento, ésta dijo: “Yo no soy el Baal HaBait (dueño de casa); ve y pregúntale a ÉL. Fue Él que me dijo que enviara al viento a sacudir la rama para que la hoja cayera”.
La persona fue finalmente a Él y Lo enfrentó con la pregunta: “¿Por qué?” Èl le dijo: “Desanda tu camino, alza la hoja de su lugar, y entonces lo comprenderás”.
Cuando regresó al sendero y miró debajo de la hoja vio una pequeña hormiga que cargaba un trozo muy grande de alimento. “Estaba cansada y sentía calor”, dijo la hormiga, “… esta hoja vino a hacerme sombra para que pudiera descansar antes de continuar mi marcha“. | texto modificado